ENTORNO DE LA PAZ

CARLOS CALVIMONTES ROJAS

La localización de la ciudad de La Paz, determinada por la necesidad de dominar rutas y contactos, hizo importante su emplazamiento en un ámbito cuyas peculiaridades condicionaron la morfología urbana. Aunque prevalece la función dominante original, acompañada por la administrativa y la de servicios, la ubicación de la urbe en un sitio singular por su geografía y ambiente identifica a la ciudad y la hace única, caracterizándola con su grandioso paisaje natural, fundido con el urbano, que ofrece una calidad visual de excepcional categoría, por los diversos impactos de gran valor plástico que se manifiestan vigorosos, en diferentes direcciones, en general en un clima suave y con una todavía clara atmósfera, valorizada por la fuerte insolación que dramatiza los claroscuros de los elementos naturales y creados.

CONFIGURACIÓN URBANA DADA POR UNA COTA Y LOS CURSOS DE AGUA.

La mancha urbana y la línea de los 3.700 m.s.n.m.

La parte urbanizada por encima de ese nivel está en gris.

El emplazamiento de la ciudad en la baja cuenca del Río Choqueyapu entre la cota promedio de 4.100 m.s.n.m. en lo alto de los cursos de agua y la de los 3.200 en la garganta de Aranjuez, está definido por la dura fragosidad orográfica. La morfología urbana resultante, dada por el trazado, la edificación y los usos del suelo, presenta una figura con una dirección predominante del noroeste al sudeste, y se asocia con la línea de los 3.700 m que, al circunvalar a las áreas con menores pendientes, también lo hace a la mayor parte de la urbe. La forma de esa curva de nivel, rectora de la ciudad en las áreas de reciente expansión, en combinación con los cauces de los cursos de agua que la penetran y la red que forman por debajo de ella, es semejante a la hoja del platanus occidentalis, cuyo tallo sería la garganta de Aranjuez y su nervadura la red hidrográfica donde se puede identificar a los principales ríos de la cuenca.

  El imponente Illimani, emblemático símbolo de La Paz.

Antiguo punto focal de la urbe, ahora abigarrado Calvario.

El valle principal, definido por la línea del cielo u horizonte natural del Noroeste hasta el Sureste en el gran arco de la Ceja de El Alto y las serranías del Sur, está acompañado por otros que, en su general dirección hacia Aranjuez, entre ellos y en relación con el primero hacen una decena de unidades de paisaje, con la tramontana adicional de Mallasa. Debido al abanico que forman dichas unidades por sus diversas orientaciones, y la diferencia de altura entre el fondo de los estrechos valles y sus cercanas líneas del cielo, la insolación y la duración del amanecer y del anochecer son desiguales, y se estima que en promedio se pierde entre dos y tres horas diarias de sol según la época del año; valores que son importantes debido a que por su elevada altura, pese a su latitud muy favorable, tiene temperaturas inferiores a las que corresponden a lugares con esa misma latitud ubicados más cerca del nivel del mar.

Killi Killi, estribación insertada y mirador del centro.

La preponderancia del anónimo custodio de Miraflores.

La parte alta de la ciudad, de la cuenca del Río Choqueyapu, tiene su fondo Norte en el valle de Liman Pata y su valle principal, está enmarcado al Oeste con la Ceja de El Alto y al Este con la serranía que, bajando de la alta meseta de Huari Pampa, se interrumpe en Killi Killi y Santa Bárbara. Ahí se realiza la vinculación con el valle del Río Orkojahuira que, en su parte superior, se dobla hacia el Noroeste por la forma de la indicada serranía y tiene al Sureste la cuchilla de Chuquiaguillo. Al Sur del paso entre esos dos valles aparece el pequeño estribo del Laikakota que separa sus partes inferiores. A esa altura el primer valle está bordeado por Llojeta y Kantutani y el segundo  está flanqueado al Este por la meseta de Pampahasi al pie de la cumbre que valoriza a la indicada cuchilla. Los ríos de cada valle, Choqueyapu y Orkojahuira, tienen su oculta confluencia en una angosta garganta poco antes de Obrajes.

El Kutukutuni, un Illimani de barro, visto desde Bellavista.

Primer bastión de las profundas cárcavas de Llojeta.

En la parte baja de la ciudad, con su frente principal en las serranías del Sur, el final de la Cuchilla de Chuquiaguillo, luego de bordear a Obrajes por el Este y ofrecerle el hito del pico Kaleri, acaba en la unión de los Ríos Choqueyapu e lrpavi. Desde ese encuentro frente a la angostura de Aranjuez, con sus guardianes Vilaque y Chuaña, se halla la parte oriental de la urbe, con cuatro valles, a partir del más amplio que de Oeste a Este llega a Ovejuyo. La configuración de esos valles a los que se accede por el principal (excepto al fondo del formado por el Río Irpavi, que se vincula mejor con el centro de la ciudad por Pampajasi) está definida por las estribaciones de la Cuchilla de Chuquiaguillo, Chicani y los Cerros Chachacomani e, interiormente, por las estrechas mesetas de Irpaví y Achumani, los farellones del Aruntaya y la áspera formación de barro que baja del Curakollu hasta Huancani.

Al final de Obrajes, sensación de cambio de nivel por el picacho del Kaleri.

Cresta del Chuaña en el ingreso a la garganta de Aranjuez.

Con ese marco ambiental, el paisaje de la urbe es fuente de admiración e inspiración para propios y extraños; en el tráfago diario impone sus características formales, por la apreciación inconsciente de la íntima relación de la ciudad con su entorno, expresada por el lenguaje de la naturaleza y del medio trasformado, en diferentes colores y texturas, alturas y pendientes, volúmenes y espacios, luces y sombras, cielo e insolación. Ésta es determinante por animar la atmósfera, el medio que por su persistente transparencia permite que se extiendan las influencias visuales del paisaje: durante el día con diferentes valorizaciones por las nítidas áreas iluminadas o sombreadas; y, en los crepúsculos, por las dominantes siluetas formadas por las líneas del cielo generalmente sobre un fondo muy azul. En cambio, en la noche se disfruta el alegre efecto panorámico de las multicolores luces de edificios, vías y vehículos en el accidentado relieve.

Los omnipresentes altos riscos de la Muela del Diablo.

Aristas y profundos precipicios del Aruntaya de Achumani.

El habitante de La Paz, espectador sumergido en el objeto de su percepción, no puede ser indiferente a las emblemáticas cumbres del Illimani y las rocas abruptas de la Muela del Diablo, la línea de la ceja de El Alto, las cárcavas de Kantutani y Llojeta, las laderas multicolores del Condorsamaña y del Challaloma, el hermoso trasfondo del Valle de Luna junto a Mallasa, la serranía de Aranjuez hasta la catedral erosionada de Las Ánimas y los cuernos del Pararani, la detenida ola de barro de Huancani separada por el panorama del Chicani de los precipicios del Aruntaya, el encajonamiento de Chinchaya bordeado por la Cuchilla de Chuquiaguillo, las faldas del Calvario en defensa del alto páramo de Huari Pampa y el casi desfiladero de Achachicala con su rosario final de prístinas lagunas. Más mil picos, cumbres, laderas y barrancos; en general con topónimos ancestrales en una tupida red de delgados cursos de agua.

Cortes y farellones del oculto Chiarjaque en Chasquipampa.

Extenso gótico final del Parani y del Curakollu en Ovejuyo.

Con un estupendo telón de fondo y para una ya agitada vida urbana: cansadoras cuestas peatonales y avenidas con los menores declives posibles, la edificación colgada de los cerros, nodos bullentes de actividad y complicadas encrucijadas, miradores hacía dentro y hacia fuera, la inclinada antigua cuadrícula central, hitos y bordes esenciales, vericuetos y callejones en la media pendiente, pobre y pintoresca apropiación de las altas laderas, su único y concurrido paseo, contadas plazas y pequeños parques, calles con absurdas gradientes, el sombrío bosque en el norte y el festivo en el sur donde acaba la urbe, su agreste parque central con esperanza de futuro, los bonitos barrios de antaño, la anárquica y agresiva publicidad, el valioso patrimonio urbano que no quiere desaparecer, la tupida maraña de los cables aéreos y el insolente graffiti, la escasa pero alegre vegetación y lo que hay de excelente arquitectura.

SEMIÓTICA DE LA PAZ

EL CORAZÓN DE COYOACÁN

PATRIMONIO URBANO DE CHILE

CUADERNO DE VIAJE: DRESDE

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