ESPACIOS PÚBLICOS URBANOS Y HUMANISMO

CARLOS CALVIMONTES ROJAS

Hay espacios públicos urbanos notables. Entre los paradigmáticos están los que se van haciendo en el tiempo y en el espacio, como símbolos de permanencia sostenible, transformándose y actualizándose cada vez en procesos paulatinos, bajo pocas normas y sin rigideces formales, con admiración y agrado de sus visitantes, con respeto y cariño de sus ocupantes permanentes.

Su condición esencial es tener permanente vitalidad informal, especialmente los fines de semana, por la concurrencia de vecinos, gente de otros barrios, turistas que buscan lugares con autenticidad, amenos y pintorescos; la presencia de artistas: pintores, músicos y quizá hasta estatuas vivas, que amenizan y entretienen; la de algún perro, preferible con su dueño, palomas y avecillas.

Esos espacios tienen algunas características y dotaciones comunes:

§         Favorecen al peatón y si tienen circulación vehicular ésta es liviana y local. Están ocupados por funciones compatibles entre sí, que se desarrollan en gran parte de cualquier día de la semana para atender deseos de encuentro, descanso, distracción, paseo y eventuales compras. Tienen facilidades para el que busca recorrerlos sin más propósito que disfrutarlos, sin prisas.

§         Satisfactores intrínsecos, que son los simples y sencillos del mobiliario urbano, los artefactos que se distribuyen para facilitar su ocupación: bancos, basureros, letreros, luminarias; las obras de ornato, que son hitos del recuerdo; los arreglos de jardinería y los árboles o conjuntos arbolados, que completan el paisaje, dan sombra y color, y alejan el bullicio urbano.

Pueden estar complementados, en proporción conveniente, por:

§         Locales de una gran variedad, periféricos o internos, permanentes o eventuales, fijos o móviles, cuya característica es ser pequeños y ofrecer cosas de uso personal. Unos son los locales o puestos de comercio de impulso o venta rápida, en los que se puede ofrecer libros, obras de arte y artesanía, instrumentos musicales, antigüedades, perfumes.

§         Otros son los de comercio de oportunidad y uso inmediato, donde se puede vender comida al paso o no tanto, helados, golosinas, fruta, revistas, periódicos, flores; u ofrecer servicios como el revelado de fotos, peluquería. También pueden existir edificios o instalaciones para desarrollar o exponer manifestaciones de cultura o culto.

Esos lugares son estructurantes de la morfología urbana y fácilmente apropiados por la ciudadanía, que al llegar a ellos espontáneamente mejora su calidad de vida y, al mismo tiempo, enriquece su identidad y sentido de pertenencia, porque encuentra los ámbitos que favorecen una vida comunitaria con plenitud, al dar oportunidades de integración, convivencia e interacción.

Aparte del aseo de esos lugares, de algunas condiciones para su ocupación en relación con la publicidad visual o sonora, y de la edificación perimetral que debe respetar la armonía del conjunto, lo principal es que se sigue una autorregulación afianzada en el tiempo por prácticas de perfeccionamiento permanente, precisamente como producto de una fuerte y auténtica apropiación ciudadana.

Su concepto no es extraño al pensamiento urbano colectivo ni una idealización. Los Centros Comerciales pretenden emular sus atractivos, en lugares privados con acceso limitado por horarios, generalmente cubiertos, sin posibilidades de evolución y con verde decorativo. Lo más significativo es que no producen sentimientos de apropiación y su objetivo primordial es vender.

A los auténticos espacios públicos urbanos descritos, unas veces hay que buscarlos para disfrutarlos, otras para recuperarlos. En el estudio de la semiótica urbana, una vez que se los identifica, no es difícil conceptualizarlos, percibir su forma y traducirla en imágenes, para describir sus manifestaciones y valorarlas, explicando su paisaje, reflexionando sobre su recorrido, conservando su recuerdo.

Escoger en uno de ellos un recorrido significa realizar una selección y secuencia de hechos y sus componentes, con el fin de definir el medio de expresión y la sintaxis conveniente para interpretar en forma ordenada lo observado mediante una formulación icónica que represente cabalmente a la estructura real y sus atributos, para que su existencia sea conocida y reconocida.

Entre esos lugares, paradigmas del urbanismo humanista……..

EL CORAZÓN DE COYOACÁN

Hay un lugar especial en la gran urbe, un espacio cuya calidad merece ser destacada, porque sus elementos y composición dan genuinos y peculiares valores ambientales para la convivencia.

La gente lo denomina de muy diferentes formas, por lo que ahí busca o por alguna de sus características, con cariño y añoranza o hasta con formalidad; siempre con gran simpatía.

A él se va por varios motivos: por la iglesia, a pasear, por nieves o quesadillas, a tomar café; diciendo que se va al jardín tal o a la plaza cual, al centro de la villa o al zócalo de la delegación.

El conjunto, de varios recintos, no tiene una denominación reconocida, parece que ni le hace falta; sin embargo, es un ámbito urbano conocidísimo, celebrado y recordado por todos.

Se ubica en un lugar que el hombre, por milenios, ha preferido como asentamiento, desde el primitivo hábitat en el valle hasta convertirlo en el crisol de la nacionalidad mexicana.

Ha sido testigo a través del tiempo de importantes hechos cívicos, religiosos y culturales; cada uno de sus elementos es vivo testimonio de un proceso cuajado de mil y mil acontecimientos.

Es un espacio urbano que nació en un lugar especial y fue madurando lentamente, que se desarrolló con la humanidad misma que lo ocupó, día a día, acomodándose a los tiempos.

Ha servido, en sus diferentes partes y en distintas épocas, como mercado, plaza, cementerio, campo deportivo, centro de transporte; siempre como lugar de encuentro o despedida.

Modelado en el tiempo, es atractivo por sus armónicas proporciones, composición, paisaje, entorno edificado y elementos interiores como la cruz, la fuente, los coyotes, el kiosco, el monumento.

Sin embargo, ese espacio no podría valorarse sin la presencia humana que lo anima, que justifica su existencia, que lo hace un importante nodo de la gran urbe y un lugar preferido por muchos.

A él se llega desde diferentes direcciones. Yo llegué por la calle Francisco Sosa, paseando por la historia, para poder recordar, para conservar su imagen, la de un momento de su existencia.

A él se llega desde diferentes direcciones. Yo llegué por la calle Francisco Sosa, paseando por la historia, para poder recordar, para conservar su imagen, la de un momento de su existencia.

1. Después de pasar bajo unos arcos del siglo XVI y, estando cerca de los cafés de amable tertulia, pude ver entre el follaje la iglesia de San Juan Bautista y el pórtico llamado de Los Peregrinos.

2. Seguí hasta el atrio y dándome vuelta a la altura de ese Pórtico vi el Parque Centenario en toda su amplitud. A media distancia la Cruz de Misiones, como hito en el tiempo y en el espacio.

3. Tomando la derecha fui hacia el norte y, dejando atrás el atrio, entré en la Plaza Hidalgo hasta tener al frente el romántico kiosco centenario y a un costado el monumento al patriota.

4. Caminando un poco más, volteando, vi la iglesia de lado y el arco barroco mestizo, antiguo ingreso al cementerio de la comunidad religiosa, como eje que jerarquiza al atrio, al jardín y a la plaza.

5. Rodeando la plaza por el oriente, llegué hasta la calle Allende, para conseguir una buena perspectiva de la que dicen fue la casa de Hernán Cortés, frente al lugar más quieto del conjunto.

6. Seguí hasta la calle Aguayo y dirigí la vista hacia el sur, en dirección al atrio y más allá, teniendo a mi derecha el ingreso a la feria de artesanías, instalación que complementa al conjunto.

7. Por la misma dirección llegué a la esquina del Jardín Centenario y, mirando al poniente, lo vi nuevamente desde otro ángulo, disfrutando del paisaje urbano, omitiendo vehículos.

8. Después salí por Carrillo Puerto. A la despedida volví la vista, para tener en primer plano la Cruz de Misiones, con el fondo de la Plaza Hidalgo y en las alturas una bandada de aves........

El Corazón de Coyoacán prueba la dignidad  de lo que tiene identidad propia, el cálido ambiente humano, el perfil de su armonioso marco edificado y texturas, color, sonido, verdor, que se disfrutan caminando.

México D. F., 1986

SEMIÓTICA DE LA PAZ

ENTORNO DE LA PAZ

PATRIMONIO URBANO DE CHILE

CUADERNO DE VIAJE: DRESDE

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